Atrapados por la red: adicción por las redes sociales

Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco explica que un adulto abusa de Internet cuando está conectado más de tres horas al día, en los adolescentes este límite se encuentra en dos horas, si además existe privación del sueño (menos de 5 horas) y se prefiere navegar a tener otro tipo de relaciones sociales, se puede pensar que una persona tiene riesgo de adicción. Otro aspecto importante es pensar en la red constantemente.

Para que una persona sea adicto no necesariamente tiene que depender de una sustancia, como es el caso del alcohol, la nicotina o la heroína. Cualquier adicción supone una pérdida de libertad y se plantea cuando una persona tiene relación con una conducta placentera que se caracteriza por una pérdida de control o una interferencia grave en su vida cotidiana. Entonces hablamos propiamente de adicción, que puede ser al juego, al sexo, a las compras, a internet y, especialmente en estos momentos, a las redes sociales.

Cuando hablamos de adicción, es que hay una pérdida de control de la actividad e interfiere gravemente en la vida cotidiana de esa persona, en sus estudios, en la relación con la familia o su situación económica.

En redes sociales virtuales como Facebook, Hi5, Tuenti o Twitter se puede entrar en contacto con muchas personas a las que no se conoce en la realidad y a las que no se tiene acceso; este hecho atrae a quienes apenas tienen una red social formada, que tienden a sobreexponerse para ser más conocidos: mandan fotos, chatean y cuelgan fotografías incluso de su intimidad.

El catedrático piensa que las nuevas tecnologías permiten que con un solo clic la persona pueda desinhibirse rápidamente, crear identidades falsas o dar una imagen propia que no corresponde con la realidad lo que genera una tensión emocional que favorece la adicción.

Desde el punto de vista del tratamiento, lo primero es dejar de estar en contacto con el motivo de la adicción, pero hay una diferencia con respecto a las adicciones químicas, porque para un alcohólico o un fumador, el tratamiento consiste en que dejen el alcohol o el tabaco para siempre y éste no es el caso, porque las personas seguirán comprando, teniendo relaciones sexuales o conectándose a internet, así que se trata de enseñarles un uso controlado de este tipo de conductas.

Además, hay que averiguar si estas adicciones son el síntoma manifiesto de otro tipo de problemas, el humo de un fuego que está debajo y que puede ser una depresión, un trastorno obsesivo compulsivo, un déficit de autoestima grave, una relación de pareja complicada. Se trata de averiguar a qué responden este tipo de problemas para hallar una solución.

Si una persona hace un uso de internet que le es gratificante, porque le es útil para su trabajo, su ocio o sus relaciones sociales, es normal, pero deja de serlo si esa persona deja de dormir, pretende estar una hora y está cuatro horas, cuando tiene un problema de fracaso escolar o se aísla socialmente.

Detección temprana

Además, la ansiedad y el insomnio también son factores a tener en cuenta. Hay pacientes para los que se convierte en parte de su vida, y llegan a consulta con problemas para dormir porque pasan horas navegando. Cada vez necesitan más tiempo delante del ordenador.

Los tratamientos son psicológicos, a través del médico de Atención Primaria, en el caso de la población adulta, y el psicólogo u orientador escolar, en el caso de los menores. En cualquier caso, resulta muy importante tratar estas adicciones lo más pronto posible.

En la adicción a nuevas tecnologías, la edad de riesgo importante es la adolescencia, porque muchas personas adquieren entonces relaciones sociales, una identidad y una autoestima a través de la red.

Uno de los problemas para diagnosticar estas patologías es que las personas afectadas tienden a negar la adicción por estar mal vista socialmente. Por eso, el abordaje desde el punto de vista clínico se realiza a veces indirectamente. Hay personas que acuden a especialistas buscando ayuda, pero a veces son los familiares, por ejemplo, en el caso de las nuevas tecnologías, padres alarmados por el fracaso escolar, el aislamiento social, el sedentarismo e incluso la obesidad que adquieren los adolescentes cuando están permanentemente enganchados a la red.

Afectados

La adicción a internet suele afectar a las personas que psicológicamente o por la edad son más vulnerables. Un grupo al que hay que prestar especial atención son los adolescentes porque reúnen características de riesgo: impulsividad externa, necesidad de relaciones nuevas y autoestima baja. Uno de los indicadores más claros de que se está cayendo en una dependencia es la imposibilidad de controlar el tiempo que se quiere estar conectado y la única terapia frente a esta adicción es evitar los factores de riesgo. Si son adolescentes, no deben tener ordenador en su habitación; tampoco deben navegar solos. Es muy importante hacer ver al afectado que tiene una adicción lo antes posible. Los padres que no consiguen reconducir la situación deben acudir a su médico de primaria o a un pediatra para que, en los casos más graves, puedan derivar al adolescente a un centro de salud mental donde tenga la posibilidad de ser tratado por psicólogos clínicos o psiquiatras.

Los niños son caldo de cultivo ya que tienen más facilidad para acceder a las tecnologías. María José Mayorgas, psicóloga infantil de la Fundación Gaudium, ofrece datos escalofriantes de un estudio de la Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid: un 37 por ciento de los menores reconoce sentir necesidad de conectarse con frecuencia (25 por ciento en primaria y 50 por ciento en bachillerato), un 30 por ciento ha facilitado su teléfono en la red, un 15 por ciento se ha reunido con desconocidos, un 7 por ciento no avisó a nadie, y en un 9 por ciento de los casos la persona con la que el menor quedó no era la que esperaba.

Los padres pueden recibir ayuda a través de páginas como http://www.navegacionsegura.es o bien http:/www.menorenlared.com.

Algunos consejos son:

  • Hablar con los hijos. Debe saber qué páginas visitan, con quién conversan, qué les gusta ver, etc. Igual que no los dejaría salir de casa sin saber dónde van y con quién, no debe dejarles acceder a internet sin antes saber si lo que están haciendo está bien.
  • Informarse. Se deben conocer las herramientas que ofrece la web, los peligros y la forma de evitarlos.
  • Establece reglas firmes de uso. Hay que poner normas claras y tajantes que regulen el tiempo de conexión. Además, se debe vigilar su cumplimiento.

 

Montse García

Marketing y Comunicación integral

@modernmarketing